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Rulfo, Alvarado y la vigencia del cuento

Por Irene Torres

Con información de Gustavo Mendoza

La obra de Juan Rulfo transformó para siempre la manera de entender el cuento mexicano, coincidieron escritores y académicos durante la mesa “Juan Rulfo y el cuento”, realizada como parte del programa de actividades de Juan Rulfo. Exposición fotográfica en Colegio Civil, cuna de la UANL , previo a la entrega del Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2026.

La conversación, realizada en el Patio Sur del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, fue moderada por Víctor Barrera Enderle y contó con las intervenciones de las escritoras Érika Zepeda e Hilda Larrázabal. Contó con la presencia de Francisco Javier Treviño Rodríguez, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León; y Alejandra Rodríguez Montelongo, recipiendaria del Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2026; así como estudiantes de diversas preparatorias, facultades y público en general. 

Al referirse a la importancia de Rulfo, los participantes señalaron que El Llano en llamas significó uno de los grandes detonantes de la modernización del cuento mexicano. Su escritura, caracterizada por una extraordinaria economía narrativa, logró construir historias de gran profundidad a partir de un lenguaje aparentemente contenido, capaz de abrir amplios espacios para la imaginación del lector.

“Volver a Rulfo” —se planteó durante la mesa— significa también recordar que el cuento puede alcanzar una enorme intensidad cuando encuentra la voz precisa: unas cuantas páginas pueden expresar aquello que, en ocasiones, una vida entera no consigue decir, como detalló Víctor Barrera Enderle. 

Una historia del cuento mexicano

Durante la mesa también se abordó algunos de los principales momentos en la consolidación del cuento como género literario en México. Se explicó que su desarrollo estuvo estrechamente relacionado con el crecimiento de los medios impresos y que, aunque alcanzó un auge importante durante el siglo XIX, durante mucho tiempo ha ocupado un espacio reducido tanto en el ámbito académico como en el editorial.

En este recorrido se mencionaron algunos de los primeros esfuerzos por reconstruir la historia del género y se destacó la importancia de la prensa, las revistas literarias y las editoriales en su consolidación.

Con la llegada del siglo XX, particularmente durante los periodos revolucionario y posrevolucionario, el cuento mexicano encontró nuevos espacios de desarrollo. La aparición de instituciones y proyectos editoriales como el Fondo de Cultura Económica, así como de revistas especializadas, contribuyó a la profesionalización de la literatura.

En este contexto surgió la obra de Juan Rulfo, cuya publicación de El Llano en llamas, en 1953, ocurrió durante un periodo de notable esplendor y modernización de la literatura mexicana.

Barrera Enderle señaló que el éxito de los cuentos de Rulfo no aparecieron de manera aislada, sino que formaron parte de un momento de intensa experimentación narrativa. A su alrededor también se consolidaron autoras y autores como Inés Arredondo, Amparo Dávila, Carlos Fuentes y Rosario Castellanos, quienes contribuyeron a convertir el cuento en un espacio de extraordinaria exploración formal.

El primer encuentro con Rulfo

Para Érika Zepeda, el acercamiento a Juan Rulfo comenzó durante su adolescencia. Originaria de Jalisco, recordó que fue su maestro de literatura en la preparatoria quien le presentó la obra del escritor.

Recordó especialmente una experiencia en la que su profesor llevó a su grupo de estudiantes a distintos pueblos de Jalisco relacionados con Rulfo. Mientras viajaban hacia San Gabriel, Sayula y Ciudad Guzmán, el maestro les leía sus cuentos.

Aquella experiencia marcó su relación con la literatura y, posteriormente, influyó en su decisión de estudiar una carrera relacionada con las letras.

Hilda Larrazabal compartió una experiencia similar. Recordó que su primer acercamiento con Rulfo también ocurrió durante su juventud y que, aunque en aquel momento no comprendió completamente la obra, sí experimentó una emoción profunda ante ella.

Para la escritora, uno de los grandes poderes de la literatura consiste precisamente en permitirnos “habitar” otras vidas y otros paisajes, incluso aquellos que aparentemente nos son ajenos.

Al regresar, años después, a El Llano en llamas, Larrazabal encontró un libro distinto y, al mismo tiempo, familiar. La relectura le permitió reencontrarse con las emociones que había experimentado en su juventud y reconocer aquellos elementos de la obra que permanecían vigentes: la creación de mundos, los temas y determinadas escenas.

Los participantes coincidieron en que la fuerza de Rulfo reside también en su capacidad para construir historias profundamente locales y, al mismo tiempo, universales. Aunque sus personajes y paisajes están vinculados con el México rural y el contexto posrevolucionario, las emociones y conflictos que atraviesan sus relatos continúan siendo reconocibles para lectores de distintas generaciones.

Entre sus cuentos preferidos de El Llano en llamas, Erika Zepeda mencionó “Luvina”, mientras que Hilda Larrazabal destacó “No oyes ladrar los perros”.

Rulfo y las nuevos plumas

La conversación también permitió establecer un puente entre la obra de Rulfo y la creación literaria contemporánea. Al hablar de los trabajos participantes en el Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2026, Erika Zepeda definió uno de los textos como “rulfiano en lo kafkiano”, expresión que dio cuenta de la diversidad de aproximaciones y búsquedas narrativas encontradas durante la deliberación del jurado. El texto al que se referían era “Camándula de acacias”, de Alejandra Rodríguez Montelongo quien, por unanimidad resultó la ganadora de la edición actual. 

Los integrantes del jurado enfrentaron la tarea de leer y valorar 335 cuentos, un proceso que, señaló Treviño Rodríguez, representó un reto importante, pero que finalmente permitió seleccionar de manera conjunta a la obra ganadora.

El director de la Facultad de Filosofía y Letras felicitó a Alejandra Rodríguez Montelongo por haber sido seleccionada como recipiendaria del Premio y destacó el orgullo de la comunidad universitaria por contar con una joven escritora entre sus integrantes.

“La escritura es un tejer de distintas voces”

Al recibir el reconocimiento, Alejandra Rodríguez Montelongo reflexionó sobre las personas y experiencias que acompañan el proceso de creación literaria.

Recordó a la escritora Cristina Rivera Garza: detrás de quien escribe existen las voces de maestros, compañeros, amigos, familiares y de todas aquellas personas que forman parte de su vida. Desde esta perspectiva, señaló, el lenguaje constituye un bien común y la escritura es resultado de múltiples voces.

“Yo no hubiese podido escribir sin todas esas personas”, expresó al reconocer la influencia de sus abuelas y abuelos, las historias familiares, sus padres, su esposo y sus amigas.

Rodríguez Montelongo destacó que la escritura comienza mucho antes de que una persona se asuma como escritora: nace de los primeros cuentos escuchados de los padres, de la tradición oral de los abuelos, de las historias de vecinos, de las experiencias compartidas y del lenguaje cotidiano.

“La escritura es un tejer de distintas voces”, afirmó, al señalar que escribir implica escuchar al mundo en sus diferentes manifestaciones, desde sus cantos y lamentos, hasta sus oraciones y susurros.

Finalmente, agradeció a la Universidad Autónoma de Nuevo León, a los integrantes del jurado y a quienes hicieron posible el reconocimiento, y dedicó unas palabras a la memoria de José Alvarado.

 

Fotos: Yamin Martínez