PrensaNoticiasPedro Garfias y Monterrey: poesía y eternidad

Pedro Garfias y Monterrey: poesía y eternidad

Por Cultura UANL

Pedro Garfias llegó a México en 1939, dejando atrás la guerra y su España natal. Tras años de peregrinar, su camino lo condujo a Monterrey. En noviembre de 1943, la entonces Universidad de Nuevo León —hoy Universidad Autónoma de Nuevo León— lo invitó, a través de su rector Enrique C. Livas, a ofrecer una conferencia en homenaje a Federico García Lorca. Su ponencia, cargada de lectura e inteligencia, marcó un parteaguas en una universidad joven que desde sus orígenes se distinguía por su vocación humanista.

Raúl Rangel Frías, promotor cultural de la Universidad en aquel tiempo, reconoció en Garfias la gran figura literaria y humanista que era, y quizás también con el propósito de apoyarlo, lo nombró secretario del Departamento de Acción Social Universitaria. Juntos, Rangel Frías y Garfias dieron forma a lo que hoy conocemos como Extensión de Cultura Universitaria: nació la Escuela de Verano con ponentes internacionales; se fundó Armas y Letras, la revista más longeva de la UANL, en la que Garfias fue redactor; y se publicó también el anuario Universidad, dirigido por Rangel Frías y con la colaboración constante del poeta. Fue una mancuerna cimentada en el amor a la literatura, la cultura y a la propia Universidad.

El paso de Garfias por la Institución fue también su paso por Monterrey. Se convirtió en regiomontano: vivió en el Centro, en la calle Zaragoza; trabó amistad con los principales impulsores de la cultura local; desde las aulas y oficinas universitarias emprendió proyectos que aún perduran; y publicó parte de su obra más significativa.

La ciudad lo abrazó y él abrazó a la ciudad. En 1948, la Universidad de Nuevo León editó su libro De soledad y otros pesares, con cuarenta y tres poemas tejidos con la materia de su vida y su exilio. Con el tiempo, Garfias decidió que Monterrey no sería solo su hogar, sino también su reposo eterno. La llamó “tierra seca, dura y fiel”, con el mismo afecto con que había descrito su Castilla.

El 10 de agosto de 1967, un día después de su muerte, sus restos fueron sepultados en Monterrey, cumpliendo así su voluntad. Su legado permaneció vivo. Años más tarde, la Universidad Autónoma de Nuevo León quiso perpetuar su memoria al dar su nombre a la biblioteca de la Preparatoria Número 16. Como escribió Sergio Antonio Escamilla, fue “un mínimo gesto de reconocimiento al Pedro Garfias universal que tanto nos quiso y al que seguimos queriendo tanto”.

Hoy, al evocarlo, resuenan sus versos como un eco que viaja entre Castilla y Nuevo León:

“Aquí estoy sobre mis montes / pastor de mis soledades.”

Porque Pedro Garfias no solo vivió en Monterrey: hizo de esta tierra parte de su poesía y de su eternidad.