Los desafíos y posibilidades de la traducción literaria

Por Irene Torres
Madrid, España
En el marco de la Cátedra Alfonso Reyes en Madrid se realizó un encuentro que invitó a reflexionar sobre los desafíos y posibilidades de la traducción literaria: la mesa “Traducir poesía, traducir el mundo”, que fue la encargada de cerrar las actividades de la Cátedra en su edición 2025.
El diálogo estuvo conformado por Isabel García Adánez, licenciada en Filología Alemana y Española y doctora en Filología Alemana, así como profesora Titular de Filología Alemana en la Universidad Complutense de Madrid; Blanca Luz Pulido, poeta, ensayista y traductora, quien estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte; Selma Ancira, traductora de literatura rusa y de literatura griega moderna. Y traductora, entre otros autores, de Pushkin, Dostoievski, Bunin, Bulgákov y a Pasternak, así como a Seferis, Ritsos, Kampanelis y María Iordanidu; y por Miguel Casado, poeta, crítico, ensayista y traductor. Autor de más de una veintena de títulos de ensayo y de poesía. La moderación estuvo a cargo del escritor y director de la Editorial Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Antonio Ramos Revillas.
La conversación, entrelazada por su moderador con la trayectoria de Alfonso Reyes, reveló, desde distintas experiencias, la complejidad de trasladar no sólo un texto, sino también una tradición, una musicalidad y una sensibilidad estética a otra lengua.
Antonio Ramos, en su intervención, hizo hincapié en el compromiso profundo con la obra y su procedencia al momento de traducir. Recordó que el traductor está “comprometida con el texto, las raíces de donde viene, de cómo se interpreta un texto en cierto idioma”. En esa línea, defendió la vitalidad del acto traductor pues, comentó, gracias a las tradiciones la poética se renueva para los lectores. “En toda traducción hay ajustes: hay ganancia también, además de las pérdidas”, puntualizó.
La traductora Isabel García subrayó que, en poesía, la traducción a menudo se enfrenta a materiales que “a veces están hechos para ser cantados”, lo que vuelve crucial atender la musicalidad del idioma original. Señaló también los límites que impone cada lengua: “No se puede meter una tradición literaria en esta broma sonora (refiriéndose a un texto que comentó cuya versión original contenía bromas con animales), es prodigioso quienes puedan”. Su reflexión enfatizó que, frente a esas pérdidas inevitables, la tradición filológica ofrece un horizonte: “La ventaja de todo lo que no vimos que se perdió es algo muy de agradecer”.
Selma Ancira ofreció una mirada íntima sobre el oficio, recordando una frase de su hijo: “Mamá, todos los libros son difíciles, los más emocionantes, los más bonitos”. Explicó que cada obra presenta un reto: “Cada texto y libro tiene un problema”, y que su práctica exige una investigación rigurosa, como cuando pasó “semanas en encontrar el nombre de una joya que se usaba en los bailes de las cortes”. Para ella, traducir implica integridad profesional: “Dejaría de respetarme si doy gato por liebre”. Incluso al revisar trabajos antiguos —como su traducción de los ensayos de Seferis realizada sin acceso a internet— reconoce que las herramientas actuales iluminan dificultades que entonces no eran visibles. Su regla es clara: “Prefiero invertir semanas en una página que irse por la parte fácil”. También, compartió, apuesta por rescatar palabras en desuso: su poética de traducción es tratar de rescatar palabras olvidadas del español. Enriquecerla, insistió, es una responsabilidad colectiva: “Añadir palabras desconocidas en una latitud es enriquecer nuestra lengua”, detalló.
El poeta y traductor Miguel Casado planteó que en toda traducción coexisten “dos diálogos distintos: uno es el diálogo entre las lenguas y el otro entre las poéticas”. Subrayó que no concibe la idea de “mejorar” un poema, pues incluso cuando un texto podría parecer susceptible de cambios él “no lo mejoraría, me parece inconcebible”. Compartió también las tensiones técnicas que surgen ante poéticas complejas, como la de Francis Ponge, donde “hace series de palabras o sintagmas que tienen un fundamento poético muy fuerte, pero inseparable del sentido”.
Relató además su método de aproximación a nuevos mundos poéticos: “Hacer una traducción lo más rápido que puedas” para capturar en ese impulso inicial el tono fundamental del autor. Esa primera versión, explicó, reúne intuiciones y estructuras imposibles de armar de manera analítica: “Si te lanzas, sé que no me voy a alejar de esa onda primera que encontré”.
La traductora Blanca Luz centró su intervención en la relación entre ritmo y distancia lingüística. Recordó que “no es lo mismo traducir del alemán al inglés, del portugués”, pues cada par de lenguas presenta grados distintos de lejanía. Señaló que reproducir rimas y sonoridades plantea decisiones delicadas: “Cuando se puede respetar la rima, qué bueno; pero cuando no se puede, no puedes inventar una palabra en español”. Su regla de trabajo es invariable: “Yo no trato de forzar a que rime forzosamente si es imposible”. Al final, los temas —y las músicas— “se van transmutando al propio mundo poético”.
La mesa “Traducir poesía, traducir el mundo” cerró las actividades de la Cátedra Alfonso Reyes en Madrid, organizada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Secretaría de Extensión y Cultura, y la Facultad de Filosofía y Letras.
Clausuran Cátedra Alfonso Reyes en Madrid 2025

La edición 2025 de la Cátedra Alfonso Reyes en Madrid, organizada por la Máxima Casa de Estudios, a través de la Secretaría de Extensión y Cultura y la Facultad de Filosofía y Letras, reunió en tres días a diversas personalidades de la traducción, la poesía, la academia y la literatura.
Entre las mesas de diálogo participaron Carlos García Gual, escritor, helenista, crítico y traductor, y Premio Internacional Alfonso Reyes 2020; Luis Arturo Guichard, cuyas líneas de investigación son la literatura griega, la crítica textual y la edición de textos, la recepción de los Clásicos, la historia de la traducción y la historia cultural; Aurora Luque, poeta, traductora y ganadora del Premio Nacional de Poesía, en España, en 2022; David Noria, poeta, ensayista y traductor mexicano; Sara López, artista e investigadora en artes; Deni Ríos, artista visual cuya práctica se centra en la producción de fotografía, dibujo y diseño editorial.
También, participaron Isabel García Adánez, profesora Titular de Filología Alemana en la Universidad Complutense de Madrid y traductora de numerosos clásicos y contemporáneos alemanes; José María Micó, poeta, filólogo, traductor y músico español; Blanca Luz Pulido, poeta, ensayista y traductora; Selma Ancira, traductora de literatura rusa y de literatura griega moderna; Miguel Casado, poeta, crítico, ensayista y traductor; Víctor Barrera Enderle, ensayista y director del Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL; Antonio Ramos Revillas, escritor y director de la Editorial Universitaria de la UANL; y Carlos Lejaim Gómez, docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y Coordinador de Enlace y Proyectos Estratégicos de la Editorial Universitaria de la Máxima Casa de Estudios de NL.
La cátedra se desarrolló en esta edición en una nueva sede: la Casa de México en España, que se sumó al Instituto Cultural de México en España y a la Librería Juan Rulfo del Fondo de Cultura Económica, ésta última encargada de albergar la clausura institucional.
En el cierre de las actividades participaron José Javier Villarreal, secretario de Extensión y Cultura; Francisco Javier Treviño Rodríguez, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL; y Manuel Lazcano, director del Fondo de Cultura Económica en España.
Manuel Lazcano, expresó su satisfacción por acoger nuevamente esta iniciativa. En su mensaje institucional, enfatizó que la librería y el Fondo desean “expresar su más profundo y cálido agradecimiento por honrarnos con su presencia en este espacio que desde hace décadas se ha dedicado a promover la lectura, el pensamiento crítico y el diálogo entre las culturas”. Subrayó además que recibir a la Cátedra reafirma los lazos intelectuales que unen a ambos países, y celebró que, en la Librería que lleva el nombre de Juan Rulfo, se abra espacio a una iniciativa dedicada a honrar el legado de Alfonso Reyes.
Por su parte, Francisco Javier Treviño Rodríguez, destacó el valor reflexivo de la jornada: “Nos llevamos un grato sabor de boca, nos lleva a una reflexión de lo que es la traducción en la poesía y en la prosa”. Inició su intervención con una frase de Alfonso Reyes: “El deber más alto de los que sobreviven es honrar la memoria de los que ya no se encuentran con nosotros”, señalando que ese espíritu anima el trabajo de la Cátedra y los vínculos que Reyes consolidó en distintos países.
Para finalizar las jornadas, José Javier Villarreal hizo la declaración de clausura y ofreció un saludo institucional a las autoridades presentes en la ceremonia y agradeció a los titulares de las instituciones colaboradoras, especialmente al rector de la UANL, Santos Guzmán López; a la ministra Teresa Zacarías Figueroa, al doctor Francisco Javier Treviño Rodríguez, a la maestra Ximena Caraza, y al maestro Manuel Lazcano Ávila, cuyo acompañamiento hizo posible el desarrollo de esta edición.
La clausura reafirmó el espíritu que inspira a la Cátedra Alfonso Reyes: tender puentes, fortalecer la vida cultural y honrar un legado que sigue convocando diálogo, imaginación y comunidad.