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La poesía, un ejercicio de traducción

En el marco de la Cátedra Alfonso Reyes en Madrid, realizada en el Instituto Cultural de México en España, se celebró el diálogo “La poesía, un ejercicio de traducción”, moderado por el ensayista y director de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL, Víctor Barrera Enderle, quien abrió la sesión recordando que para Alfonso Reyes la década de 1940 significó no sólo su regreso definitivo a México, sino también el arranque de un proyecto intelectual de enorme aliento: la formulación de una teoría literaria propia. Un proceso que culminaría en El deslinde (1944) y que, como subrayó Barrera, buscaba “el secreto de qué es la literatura, qué hace que un lenguaje sea literario”.

Barrera situó así el tema del encuentro: la traducción como un ejercicio creativo, reflexivo y crítico. “¿Qué seríamos los lectores de literatura sin las traducciones?”, preguntó, afirmando que los traductores “traen consigo una reflexión subterránea sobre qué es la literatura, su importancia y su función”.

En la mesa de diálogo participaron Isabel García, doctora en Filología Alemana y profesora titular de Filología Alemana en la Universidad Complutense de Madrid, cuyos principales campos de investigación son la literatura en lengua alemana de los siglos XIX y XX; José María Micó, poeta, filólogo, traductor y músico español, y catedrático de Literatura en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Se especializa en los clásicos de los Siglos de Oro y el Renacimiento italiano; y Blanca Luz Pulido, poeta, ensayista y traductora. Forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Es traductora del francés, inglés, italiano y portugués.

Tres trayectorias hacia la traducción

Isabel García, traductora especializada en literatura alemana, compartió que su formación bilingüe la llevó naturalmente al oficio: “Siempre quise ser traductora… Para mí la traducción es una profesión”. Con una trayectoria que abarca desde textos académicos hasta narrativa y poesía, destacó que su acercamiento a la poesía provino del rigor filológico: 

Por su parte, el poeta y filólogo José María Micó relató que llegó a la traducción casi por azar, traduciendo por gusto un soneto de Shakespeare. Más tarde, su investigación lo condujo a las sátiras italianas del siglo XVI, cuya traducción emprendió por “una necesidad filológica”. Para él, traducir poesía implica una tensión creativa fundamental: “La traducción tiene lo mejor de la poesía, porque traducir poesía es crear poesía”.

La poeta y traductora Blanca Luz Pulido explicó que su camino estuvo marcado por su gusto por los idiomas y por una posterior inmersión en la cultura portuguesa. Su encuentro con autores como Nuno Júdice y Ana Luísa Amaral amplió su campo de trabajo: “Me interesó traducir mucho a poetas contemporáneos portugueses porque no son conocidos fuera de su propio país”.

Los desafíos del oficio

Al abordar las dificultades de la traducción, surgieron matices distintos desde cada experiencia.

Para Isabel García, los mayores retos del alemán no están en la sintaxis, sino en la complejidad de sus palabras compuestas: “En una palabra te cuenta una historia completa… y a la hora de desplegar esto tenemos que hacer un montón de circunloquios”.

Micó retomó la reflexión de Alfonso Reyes en El deslinde: toda traducción debe atender a tres dimensiones —significativa, acústica y afectiva— que corresponden a los grados que enlazan, al menos idealmente, con los tres grados de aproximación previstos para las versiones de Mallarmé que el mismo Reyes había distinguido en su juventud: “entender, gustar y gozar”. Además, advirtió que “las traducciones tienen fecha de caducidad” y que es natural que distintas versiones de un mismo texto difieran: “Cuando me preguntan qué es un clásico, siempre digo que es la suma de sus traducciones”.

Blanca Luz Pulido subrayó que traducir poesía portuguesa contemporánea requiere atención minuciosa a los matices culturales y lingüísticos: “Tiene muchas pequeñas diferencias… y eso es lo que vuelve particularmente difícil ”. Añadió la importancia de la consulta constante, incluso en palabras aparentemente familiares, y del contacto directo con la cultura de origen: “La inmersión es lo que más te enseña en otro idioma”.

La traducción como lectura creativa

El diálogo concluyó reafirmando la idea planteada desde el inicio: que la traducción es un acto de lectura creativa, un territorio donde la poesía encuentra nuevas formas de existir. Como señaló Isabel García, “la literatura universal existe porque existen los traductores”.

La Cátedra Alfonso Reyes en Madrid es organizada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Secretaría de Extensión y Cultura, y la Facultad de Filosofía y Letras; se creó como un homenaje a la figura de Reyes, quien tuvo una década productiva en Madrid, donde escribió algunas de sus obras más importantes y se convirtió en un referente cultural.