La batalla de la Angostura y la dignificación de sus hombres y mujeres

Por Irene Torres
“Dos batallas del ejército mexicano: contra el desierto y en La Angostura, febrero de 1847”, del investigador Carlos Recio Dávila (Universidad Autónoma de Coahuila) fue la conferencia magistral que continúo con las actividades del Coloquio 180 años de la Batalla de Monterrey: “Guerra y memoria. Nuevas visiones históricas”.
Desde el Patio Sur del Colegio Civil Centro Cultural Universitario de la Máxima Casa de Estudios, el profesor brindó un recorrido por los antecedentes de la batalla, la organización del ejército en San Luis y su salida al norte, el recorrido del ejército de San Luis a Saltillo, su llegada a la Hacienda de Aguanueva, así como los combates en la Angostura, el regreso a San Luis tras el enfrentamiento y el “combate” que se vive en la actualidad.
A través de su conferencia el historiador saltillense hizo hincapié en lo difícil que fue para esas miles de personas iniciar un combate contra las fuerzas norteamericanas, pues la campaña que culminó en la batalla de la Angostura estuvo precedida por un largo y penoso desplazamiento del ejército mexicano. Las tropas recorrieron aproximadamente 444 kilómetros desde San Luis Potosí hasta la región de Saltillo, en su mayoría a pie y con salidas escalonadas. En el trayecto enfrentaron condiciones extremadamente adversas, con frío intenso y nieve; para febrero, algunos soldados y mujeres habían muerto a causa de las bajas temperaturas. De los aproximadamente 20 mil hombres que emprendieron la marcha, dos días antes de la batalla quedaban alrededor de 14 mil debido a las deserciones, las muertes, el cansancio y diversas enfermedades, particularmente gastrointestinales.
“Las mujeres que acompañaban a los soldados tampoco eran contabilizadas como parte del ejército, aunque desempeñaban tareas fundamentales: atendían a los heridos, conseguían alimentos y acompañaban a las tropas durante la campaña. De los 14 mil hombres restantes, alrededor de 2 mil pertenecían a la caballería. En ese sentido, la primera batalla que tuvo que enfrentar el ejército mexicano fue contra el hambre, la sed, el frío y el agotamiento”, detalló Recio Dávila.
El 22 de febrero de 1847 comenzó la batalla de la Angostura en la que las fuerzas mexicanas lograron imponerse en los primeros combates y ocupar una posición estratégica en las lomas. Sin embargo, las condiciones de ambos ejércitos eran muy distintas: las tropas estadounidenses contaban con alimentos, casas de campaña, incluso café, artillería móvil y posiciones privilegiadas en las alturas, mientras que los mexicanos llegaban exhaustos y prácticamente sin alimentos. A pesar de ello, combatieron ferozmente y consiguieron importantes avances, aunque las pérdidas fueron considerables: alrededor de 596 muertos, 1,080 heridos y numerosos dispersos. La situación se volvió especialmente crítica porque, aun cuando las tropas mexicanas habían resistido los combates, no contaban con alimentos suficientes para continuar la lucha al día siguiente.
Finalmente, el regreso a San Luis Potosí resultó todavía más penoso que la marcha de ida: de los miles de hombres que habían emprendido la campaña, apenas unos 4 mil llegaron a San Luis, mientras que las bajas acumuladas ascendieron a cerca de 8 mil hombres, sin contar a las mujeres que habían acompañado al ejército.
“Es un tema que nos ha apasionado porque nos permite hacer memoria y dignificar el esfuerzo de hombres, mujeres y niños que pelearon por la defensa de nuestro país”, explicó.
El “combate” actual
El historiador culminó su ponencia compartiendo que la “lucha” que se vive actualmente es contra la destrucción de la memoria, pues con la construcción de nuevas avenidas y autopistas se ha ido destruyendo el área que fue escenario de un hecho histórico para el país.
“Inquieta actualmente que estamos viviendo una tercera batalla contra la deconstrucción de la memoria; está desapareciendo por la carretera que amplían y se están llevando material a las naves, sacando agua… estamos luchando y pidiendo que se respete la memoria y la historia”, puntualizó.
Sobre la Angostura
La batalla de la Angostura no significó el final de la guerra. Aunque el ejército mexicano logró contener al ejército de Taylor y causarle importantes pérdidas, el enorme desgaste, la falta de alimentos y las condiciones en que había llegado hasta el campo de batalla obligaron a Santa Anna a retirarse hacia San Luis Potosí. La guerra continuó por otro frente: en 1847, las fuerzas estadounidenses desembarcaron en Veracruz y avanzaron hacia la Ciudad de México, que ocuparon en septiembre de ese año. Para Nuevo León, aquello significó que la ocupación del noreste formaba parte de un conflicto mucho mayor que terminaría afectando a todo el país. Finalmente, el 2 de febrero de 1848, México y Estados Unidos firmaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo con el que terminó la guerra y México cedió más de la mitad de su territorio.
Coloquio 180 años de la Batalla de Monterrey
Al término de la conferencia se realizaron diversas mesas de trabajo con la participación Juan Ramón Garza Guajardo, del Centro de Información de Historia Regional; Enrique Tovar Esquivel, del Centro INAH Nuevo León; e Hilario Juárez Hernández, Grupo Batalla de Monterrey de 1846.
El Coloquio es organizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Secretaría de Extensión y Cultura, la Dirección de Humanidades e Historia y su Centro de Estudios Humanísticos de la UANL y el Centro de Documentación y Archivo Histórico, y el Centro de información de Historia Regional. Además se suman las voluntades de las instituciones: el Museo de Historia Mexicana, el Museo Regional del Obispado, el Centro INAH Nuevo León, el Consejo Metropolitano de la Crónica y la agrupación ciudadana Grupo Batalla de Monterrey de 1846.
Foto: Irene Torres