PrensaNoticiasExequias a Pedro Garfias: la transmisión amorosa de la poesía

Exequias a Pedro Garfias: la transmisión amorosa de la poesía

Por Irene Torres 

El encuentro internacional “Hermanamiento de Pedro Garfias y Miguel Hernández” llegó a la ciudad de Monterrey tras su paso por Ciudad de México y Guadalajara; la capital de Nuevo León, lugar en el que reposan los restos del poeta, fue la sede de las Exequias a Pedro Garfias, una personal e íntima reunión frente a la tumba del poeta en la que diversas voces literarias brindaron emotivas palabras dirigidas a los autores españoles.

Carmen Villoro, poeta y directora de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara; José Antonio Martínez Liébana, director de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández; Jeannette L. Clariond, poeta y fundadora de la editorial Vaso Roto; José María Barrera López, investigador y crítico literario; y Alfonso Reyes Martínez, poeta y arquitecto, fueron los encargados de entablar el diálogo entre la poesía y la historia; la anécdota y el cariño; el recuerdo y el legado.

La ceremonia inició formalmente con un minuto de silencio dedicado al maestro Pedro Garfias. Al finalizar, el doctor José Javier Villarreal, secretario de Extensión y Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León, brindó un mensaje de bienvenida en el que destacó la tradición humanista de la Máxima Casa de Estudios, institución organizadora del Encuentro, el cual se enmarca por su 92 aniversario. 

“Mi Universidad y su innegable tradición humanista que arranca con Raúl Rangel Frías, Juan Manuel Elizondo y José Alvarado, y que tiene como aval el Voto por la Universidad del Norte, de Alfonso Reyes, fue el punto de confluencia que permitió mi encuentro con la obra de este poeta. Me doy cuenta que, si no hubo lazos diplomáticos entre México y el Estado Español, siempre ha habido poderosas y esenciales raíces, abigarrados bosques culturales y sociales, entre las dos orillas. La obra de Pedro Garfias es un robusto testimonio de ello que, cada que lo leamos, habrá de reverdecer y, por qué no, ensancharnos el mundo, como esos sobres que descansaban, en una lejana, pero presente infancia, en la mesita del teléfono, de la casa de mis padres, al regresar del colegio, puntualizó. 

La participación de lecturas fue abierta por  la maestra Carmen Villoro, quien visiblemente emocionada compartió la relación cercana de Pedro Garfias y su familia: 

“Estoy muy emocionada de estar ante la tumba de Pedro Garfias quien escribiera su libro Río de aguas amargas en Guadalajara; me honra representar a la Universidad de Guadalajara, a su Biblioteca Octavio Paz y a la Cátedra Fernando del Paso en este Hermanamiento entre Miguel y Pedro. A nivel personal estoy profundamente conmovida porque mi “abuelo”, Pedro Garfias, fue el maestro de mi madre, y por eso me tomo esa libertad.

“Cuando en los años 50 mi madre recogía las servilletas y los papeles que Pedro Garfias dejaba sobre la mesa con sus versos, y después con su cuarto de estudiante en la ciudad de Guanajuato los transcribía en su pequeña máquina de escribir y ordenaba todo aquello, no imaginaba que en algún momento su hija se dedicaría a la poesía y estaría honrando la memoria y las cenizas de su tan querido maestro. Es un momento muy conmovedor porque uno nunca sabe qué caminos silenciosos toma la transmisión amorosa de la poesía”. 

Villoro declamó un poema dedicado a su madre en honor a Pedro Garfias:

Yo escribo los poemas que no escribió mi madre

destilo su dolor a través de esta pluma extemporánea 

Su dolor era el mar 

O yo así lo veía desde el naufragio

[…]

Por su parte, José Antonio Martínez, director de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández, hizo énfasis en la importancia de reconocer el legado literario de ambos autores quienes han vivido unidos por su poesía, pero también por sus ideales y luchas. 

“Quién iba a decir, hace 60 años, que iba a ver un acto como este, un acto de reconocimiento y de hermanamiento: de reconocimiento de la tierra que le vio nacer y que lo exilió, lo empujó a irse; y de reconocimiento de la tierra que lo acogió y donde descansa. 

“Un hermanamiento con Miguel Hernández, un poeta con el que compartió parte de su existencia pero, sobre todo, parte de su ideal, de su luchas, de sus derrotas, por eso lo de ‘derrota, derrota hasta la victoria final’, porque una parte de esos ideales se han hecho realidad: hay más justicia, más libertad, más democracia que cuando ellos vivieron, padecieron y murieron”. 

La maestra Jeannette L. Clariond, a través de un poema de largo aliento, compartió anécdotas, frases, y citas de entrevistas realizadas a Pedro Garfias. La maestra culminó su participación leyendo:

Yo también como el toro Miguel he nacido para el luto 

Parece que estamos todos marcados por el hierro metálico en el costado 

Veo sangre mezclándose en la espuma de su lengua

Sangre bajo los pies de la bestia

Mas hoy no hay vuelta al ruedo 

Aquí arde de hermosura la ciudad 

Sin reclamos de rabos 

De orejas sombrillo estos dos girasoles

Hoy hay un luto profundo donde sangre hubo 

Hay una pena

Hay dos voces que son heridas

Que son océano

Que son soles en esta ciudad de Monterrey

Pedro Garfias: ante tu muda ceniza nos rendimos atravesados de alba

Miguel Hernández: para el luto nacimos 

Es tinta tu ausencia

Soles nos ha arrancado la fortuna de nuestros padres heredada

Salve y adiós, hermanos 

Vuestra sea por siempre la eternidad

Sin duda, el paso de Garfias por la Institución fue también su paso por Monterrey. Se convirtió en regiomontano: vivió en el Centro, en la calle Zaragoza; trabó amistad con los principales impulsores de la cultura local; desde las aulas y oficinas universitarias emprendió proyectos que aún perduran; y publicó parte de su obra más significativa.

La ciudad lo abrazó y él abrazó a la ciudad. En 1948, la Universidad de Nuevo León editó su libro De soledad y otros pesares, con cuarenta y tres poemas tejidos con la materia de su vida y su exilio. Con el tiempo, Garfias decidió que Monterrey no sería solo su hogar, sino también su reposo eterno. La llamó “tierra seca, dura y fiel”, con el mismo afecto con que había descrito su Castilla.

El 10 de agosto de 1967, un día después de su muerte, sus restos fueron sepultados en Monterrey, cumpliendo así su voluntad. En el sepelio participaron sus íntimos amigos, como lo detalló José María Barrera López, compilador de las Obras completas de Pedro Garfias. 

“Santiago Roel prestó su ropa y sus zapatos para enterrar al poeta el 9 de agosto de 1967. Se hizo cargo de su enterramiento, incluso intentó poner tierra de España, pero finalmente fue su amigo Alfredo Gracia quien depositó tierra de Teruel, era tierra de España, pero no era esa ‘tierra mía’ a la que alude el escritor. También Gracia ideó y es obra suya la leyenda que figura en esta loza: Pedro Garfias. Poeta. ‘La soledad que uno busca no se llama soledad’, a raíz de una servilleta encontrada”. 

Barrera López también detalló la cercanía que tenían Pedro Garfias y Miguel Hernández, a pesar de su distancia física:

“A la vez pienso en Miguel Hernández enterrado cuando no había cumplido aún los 32 años, en Alicante, a 9 mil kilómetros de aquí, al otro lado del Atlántico, que vivió y sufrió un exilio interior con todo tipo de soledades y pesares, como Garfias, allá en España. En su tumba sólo consta Miguel Hernandez. Poeta. Su hermano Pedro, en otro destierro distinto, se embarcaba en el Sinaia y llega a México donde fallecería a los 66 años. Ambos compartieron la lucha por la justicia y la igualdad, y combatieron en los frentes como comisarios y soldados de la guerra fratricida del 36 en España. Pero con sus versos transmiten fuerza, luz, vida para todos aunque sus trayectorias poéticas tomaran sendas distintas. Los dos sufrieron una derrota personal y muy dolorosa. Miguel la cárcel, la enfermedad, la falta y pérdida de seres queridos y, finalmente, la muerte en un penal. Garfias derrumbado por la guerra y la ausencia de su patria llegó a una vida errante antiburguesa con dipsomanía en su nueva patria que lo acogía para siempre”, mencionó. 

El encargado de cerrar la íntima reunión fue el poeta Alfonso Reyes Martínez, hijo del amigo cercano de Pedro Garfias, Alfonso Reyes Aurrecoechea. Reyes Martínez estuvo también presente en el sepelio del escritor y compartió anécdotas de la vida del escritor en la ciudad. 

 “Aún recuerdo aquella vez, manoteaba el aire con ademán nervioso, estremecía su cuerpo solo y su copa en una mesa del Reforma; hablaba con una voz cavernosa enredada en el sueño y el dolor. Escuché a aquel hombre de rostro arrutunado y camisa blanca colgada; desplazaba su cuerpo a tropiezos y su mirada era penetrante. Llevaba en su corazón, ya para siempre perdida, la España de sus días. Habitante de un mundo construido en el amor y la guerra, en la luz y el canto, en el dolor… Había en él una mezcla de ternura y pasión que desbordaba en rafagas de recuerdos y silencios…”. 

Las Exequias a Pedro Garfias culminaron en la tumba del autor donde se colocaron un ramo de rosas rojas y un ramo de girasoles amarillos dedicados a su memoria, legado y obra. 

El encuentro internacional “Hermanamiento de Pedro Garfias y Miguel Hernández” continuó con una lectura en el Aula Magna Fray Servando Teresa de Mier; culminará el 11 de septiembre de 2025 en la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL con la mesa: “Acercamiento a la obra y figura de Pedro Garfias y Miguel Hernández.

 

Fotos: Irene Torres