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Elisa Pasquel y la búsqueda de un lenguaje en común

Por Irene Torres 

Hay formas que se repiten hasta convertirse en una especie de lenguaje. En la obra de Elisa Pasquel, el círculo es una de ellas: aparece en la pintura, se convierte en volumen, se desplaza hacia la gráfica y llega incluso a imaginarse como pieza de joyería.

Esa persistencia de las formas y la búsqueda de un equilibrio entre geometría y sensibilidad son el punto de partida de La geometría de lo sensible, exposición que reúne tres décadas de trabajo de la artista regiomontana y que actualmente se presenta en el Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo de las Artes de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Inaugurada el 18 de agosto bajo la curaduría de Sara López, la muestra permanecerá abierta al público hasta el 11 de diciembre. La exposición propone un recorrido por distintas etapas y disciplinas de Pasquel: pintura, escultura, cerámica y obra gráfica, acompañadas de bocetos, maquetas, estudios y piezas que forman parte de su colección particular.

Más que una retrospectiva convencional, la exposición permite aproximarse al proceso de una artista que ha construido su lenguaje a través de la práctica constante. Pasquel comenzó su formación artística a finales de los años ochenta y empezó a exponer profesionalmente a mediados de los noventa. Desde entonces, su trayectoria ha transitado por diferentes materiales y técnicas, sin abandonar una preocupación central: encontrar la manera de llevar una misma idea de un lenguaje artístico a otro.

“Es complejo llegar a esa relación entre las tres disciplinas; se requiere trabajar, producir, practicar para que haya una relación entre las formas y las técnicas”, explica la artista en entrevista para Cultura UANL al referirse a la pintura, la escultura y el grabado.

Ese diálogo entre disciplinas constituye uno de los hilos conductores de la exposición. Lo que en una pintura puede resolverse mediante una línea, un plano o una composición, en la escultura debe adquirir volumen, peso y relación con el espacio; en la cerámica, además, intervienen la materia, el fuego y los accidentes propios del proceso.

Pasquel encuentra en la geometría una estructura para esas búsquedas. Su interés por las proporciones y por la composición la ha llevado incluso a estudiar principios como la proporción áurea. No se trata solamente de una fórmula matemática, sino de una herramienta para decidir dónde colocar los elementos dentro de una obra, construir un horizonte visual y conseguir que la mirada encuentre un equilibrio.

“Necesito que me expliques la línea áurea, no la entiendo”, recuerda que le dijo alguna vez un amigo físico-matemático. A partir de ahí, explica, comenzó a pensar con mayor atención en cómo se relacionan los elementos dentro de una pieza: dónde colocar cada forma, cómo evitar que el ojo se pierda y cómo construir una estructura que sostenga la composición.

Esta preocupación también se relaciona con su manera de observar el paisaje. Desde el avión, por ejemplo, las parcelas, caminos y terrenos aparecen como líneas, planos y segmentos que organizan la superficie terrestre. Esa geometría del territorio se transforma en materia dentro de sus pinturas y posteriormente encuentra otras soluciones al pasar al volumen.

El círculo ocupa un lugar especial en esta investigación. Para Pasquel es una línea continua, sin principio ni fin, capaz de transformarse y establecer múltiples relaciones con el espacio.

La exposición permite observar cómo esa forma pasa de ser un elemento gráfico a convertirse en estructura escultórica. Una de las piezas monumentales alcanza alrededor de ocho metros y fue concebida como un ejercicio para explorar qué podía decir la artista a través de un formato de gran escala. Construida con acero, la obra establece un diálogo entre círculos perfectos y otros más orgánicos, que modifican su relación con el espacio y el paisaje.

En el patio exterior del CEIIDA, esta investigación se extiende a una serie de círculos rojos y a una escultura monumental suspendida, mientras que en el espacio interior aparecen piezas cerámicas y otros trabajos de menor formato.

Pero la exposición también muestra aquello que normalmente permanece detrás de la obra terminada: los intentos, las posibilidades que no llegaron a convertirse en piezas definitivas y las ideas que permanecieron en estado de proyecto. En una mesa se reúnen maquetas, bocetos y estudios para esculturas de gran formato, así como propuestas que alguna vez fueron pensadas para convertirse en anillos o dijes.

“Empezamos estudiando la forma”, señala Pasquel.

Ese acercamiento al proceso resulta significativo en una muestra que celebra 30 años de trayectoria. La propia selección reúne obras que permiten mirar hacia atrás y reconocer continuidades, pero también transformaciones. La UANL describe el recorrido como una aproximación a las distintas etapas de la artista, desde sus primeras obras figurativas hasta su posterior tránsito hacia la abstracción y el trabajo cerámico.

La formación de Pasquel ha sido igualmente diversa. Nacida en Monterrey en 1969, complementó su formación mediante talleres y seminarios con distintos maestros. Entre 1996 y 2005 impartió el taller de escultura y tallado en madera en la Universidad de Monterrey. Su trayectoria incluye exposiciones individuales y más de 50 colectivas en México, Estados Unidos y El Salvador, así como participaciones en la Bienal Alfredo Zalce y la Bienal de Pintura Rufino Tamayo.

La gráfica constituye otro capítulo importante de esta trayectoria. Pasquel realizó estudios de grabado en Barcelona y participó en 2001 y 2004 en el Programa de Interacción del Centro de Formación y Producción de Grabado del Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, en Zacatecas. La obra producida durante estas experiencias forma parte también del universo que recupera La geometría de lo sensible.

La cerámica, por su parte, representa otra manera de relacionarse con la forma; comenzó a estudiar con el maestro Ricardo Escobedo en su Taller Tres Piedras; y actualmente en sus esculturas monumentales puede encontrarse una geometría más contundente: en las piezas cerámicas aparecen formas más orgánicas y una mayor apertura al accidente del taller, a la materia y a las posibilidades que surgen durante el proceso.

Esta dualidad —entre estructura y libertad, geometría y materia, cálculo y accidente— atraviesa la lectura curatorial de Sara López. En el texto de sala, la curadora identifica dos preocupaciones fundamentales en el trabajo de Pasquel: “lo sensible” y “el estudio geométrico”, entendidos como una búsqueda de correspondencia entre la percepción del espectador y la estructura formal de la obra.

La intención, de acuerdo con la artista, no es únicamente construir objetos para ser observados, sino generar una experiencia contemplativa.

“El trabajo tiene que representar el silencio”, explica. “Que veas la pieza, que la contemples, que la reflexiones, que la medites”. 

De ahí que el silencio sea también una clave para acercarse a la exposición. Frente a las dimensiones de una escultura monumental o ante la densidad matérica de una pintura, Pasquel propone una pausa: observar una forma, reconocer su estructura y dejar que la mirada encuentre sus propios recorridos.

Después de tres décadas, la artista observa su trayectoria no como una serie de etapas aisladas, sino como un proceso continuo de investigación. Pintura, escultura, cerámica y gráfica aparecen como distintas maneras de formular una misma pregunta sobre la forma.

Para Pasquel, llegar a una exposición es también resultado de ese tiempo de trabajo. Hay artistas que producen durante toda su vida sin buscar necesariamente exhibir; otros construyen su trayectoria a partir de premios, ventas o exposiciones. En su caso, la producción artística y la docencia han avanzado de manera paralela.

La geometría de lo sensible permite precisamente detenerse en ese recorrido y observar no sólo las obras que llegaron a las salas, sino también las ideas, ejercicios y posibilidades que las hicieron posibles.


Elisa Pasquel

Nació en 1969 en Monterrey. Desde sus inicios se ha concentrado en el proceso creativo y elaboración de su obra, complementa su formación artística a través de talleres y seminarios con destacados maestros. De 1996 al 2005 fue docente en la Universidad de Monterrey, donde impartió el taller de Escultura: tallado en madera. Ha expuesto de manera individual más de una decena de muestras y ha participado en más de 50 colectivas en diferentes ciudades de México, Estados Unidos y El Salvador (Centro Nacional de las Artes).

Su obra fue seleccionada para la exposición inaugural Transiciones del Centro de las Artes de Nuevo León, para las muestras 2002 y 2003 Pintura de Nuestro Tiempo en el Museo Metropolitano de Monterrey y en varias ediciones de la Reseña nuevoleonesa, por mencionar sólo algunas. En 1999 fue incluida en la Segunda Bienal Alfredo Zalce y en el 2000 en la X Bienal de Pintura Rufino Tamayo. Ha recibido mención honorífica en la IV Bienal Regional de la Plástica Joven y primer lugar en el Salón de noviembre del Centro Cultural ARTE A.C.

En el 2004 expuso su muestra individual Tránsito en el Centro de las Artes de Nuevo León. En el año 2001 realizó un viaje de estudios y exploración por Europa radicando en Barcelona, donde tomó un taller de grabado en la Escola Leonardo da Vinci. En el 2001 y el 2004 fue artista invitada al Programa de interacción del Centro de formación y producción de grabado, en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez de Zacatecas, México. 

Formó parte del taller de Cerámica Tres Piedras. En esta especialidad fue invitada a la exposición inaugural del Segundo Encuentro Nacional de Ceramistas 2003, en Monterrey. En 2005 fue seleccionada en la Bienal de Arte en cerámica de Monterrey y fue acreedora al Premio Nuevo León 2005.  En 2011 recibió el Premio Nacional de Cerámica Tlaquepaque Jalisco. Recientemente fue seleccionada en la XV Bienal Nacional de Pintura, Gráfica y Cerámica Contemporánea Alfredo Zalce 2026.

 

Foto de portada: Carolina Silva / Vida Universitaria 

Foto interior: Irene Torres