PrensaNoticiasEl cuento después de Reyes: herencia, escuela y tradición

El cuento después de Reyes: herencia, escuela y tradición

Por Irene Torres López / Ciudad de México

El legado literario de Alfonso Reyes fue el eje de la mesa de diálogo “El cuento después de Reyes”, en la que participaron algunos de los protagonistas del cuento en el país: Ana García Bergua, Luis Jorge Boone, Bernardo Esquinca y Armando Alanís Canales, moderados por Carlos Lejaim Gómez, editor y coordinador de Enlace y Proyectos Estratégicos de la Editorial Universitaria de la UANL. 

Realizado en la Capilla Alfonsina y como parte del ciclo “De Capilla a Capilla” del Festival Alfonsino que organiza la Máxima Casa de Estudios de Nuevo León, el encuentro ofreció una mirada profunda sobre la influencia de Alfonso Reyes en la narrativa mexicana contemporánea, en especial en el cuento fantástico y la microficción.

Uno de los puntos de coincidencia fue el impacto de La cena, considerada por los participantes como el relato más emblemático del autor regiomontano. Ana García Bergua lo definió como “un cuento único en la obra de Reyes”, y confesó que pocos relatos la han emocionado tanto. “Es fantástico, de corte extraño, y dio pie a obras como Aura, de Carlos Fuentes”, subrayó.

Luis Jorge Boone compartió que su primer encuentro con Reyes fue a través de la poesía, donde también se narra: “Cantar y contar son lo mismo en él. Reyes escribía poesía con voluntad narrativa. Incluso en sus ensayos, memorias y crónicas aparece siempre esa remembranza”. Destacó cuentos como La mano del comandante Aranda o Encuentro con el diablo, y señaló una veta “preborgiana” en la forma en que Reyes pone a sus personajes a estudiar, a buscar saberes: “Borges nos ponía a leer e imaginar saberes; y Reyes pone a sus personajes a estudiar. Reyes era un maestro incluso cuando estaba escribiendo ficción”, detalló.

Bernardo Esquinca, por su parte, resaltó el carácter pionero de La cena dentro del género weird a la mexicana, y su cercanía con las atmósferas oscuras de autores como Lovecraft. “Ese cuento fue una especie de Big Bang. A partir de ahí se detonaron otras narrativas de lo extraño en México. Hay una escuela entera de lo fantástico que puede rastrear sus orígenes en Reyes”, apuntó.

Para Armando Alanís Canales, lo admirable no sólo fue la incursión de Reyes en el cuento fantástico, sino su capacidad para innovar en múltiples registros. “El hombrecito del plato es probablemente uno de los primeros cuentos de ciencia ficción en México. Reyes fue pionero también en el microrrelato, junto con Julio Torri, Monterroso y Arreola”, expresó. Resaltó, además, el sentido del humor y la erudición del autor: “Hay mucho sentido del humor, hay también siempre un despliegue de su erudición, pero es una erudición que la advertimos que es natural, no es que trate de deslumbrarnos que sabe: es que el escritor sabía muchas cosas”. 

Los ponentes coincidieron en que la obra breve de Alfonso Reyes sigue viva por su forma y creatividad, y también por abrir una escuela que detonó nuevas narraciones para lo insólito, lo filosófico y fantástico.


Reyes en su creación literaria:

“Yo escribo microrrelato y me gustan mucho los cuentos de Alfonso Reyes, me hacen muy ingeniosos y, además, son de fácil lectura. Hay una precisión en el uso del lenguaje realmente sobresaliente; es el mayor prosista de lengua española, tiene competencia, pero es uno de los mejores”.

Armando Alanís Canales

“De repente me di cuenta que escribía como él, Armando Canales me dijo. Y sí es cierto: lo trae uno intravenoso. Todos los talleres de cuento que se dan en México incluyen como lectura La cena; es algo canónico que hay que estudiar”.

Ana García Bergua

“Hay una influencia en mi escritura que es Amparo Dávila y aquí ya establecimos la relación directa que hay en esta línea de Reyes a Amparo, y a los que seguimos después”. 

Bernardo Esquinca

“Hay un un verso de un poeta que dice que asimilamos lecturas a través de otras lecturas… Creo que lo que nosotros tenemos es una gran historia y tradición; con el tiempo y el estudio uno se da cuenta de que está parado sobre grandes mentes, obras y una tradición riquísima con grandes padres fundadores de su modernidad, como Alfonso Reyes. Le debemos tanto a los padres fundadores que a veces se hace invisible por la absurda velocidad del presente y por una voz que tiene que ver más con la mercadotecnia, y a veces los dejamos de ver, pero nunca dejamos de ver sus efectos. 

“Yo tomo de Reyes esa voluntad totalizadora de escribir todo y de no ser un país, sino un continente; de tener muchos climas, muchos proyectos, vertientes y de tener grandes momentos. Esa amplitud es lo que yo le agradezco a Reyes”.

Luis Jorge Boone