PrensaNoticiasAlfonso Reyes helenista: cinco miradas a su pasión griega

Alfonso Reyes helenista: cinco miradas a su pasión griega

Por Irene Torres

Madrid, España

En el inicio de las mesas de diálogo de la Cátedra Alfonso Reyes en Madrid, organizada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de su Secretaría de Extensión y Cultura y la Facultad de Filosofía y Letras, la sesión titulada “Alfonso Reyes helenista” reunió a cinco especialistas que ofrecieron un recorrido amplio, diverso y humano sobre la relación del escritor regiomontano con el mundo clásico. Sus intervenciones revelaron un perfil menos conocido pero central en la obra del autor: el de un humanista que encontró en Grecia un eje intelectual, una fuente ética y un territorio creativo desde el cual pensar Hispanoamérica.

La vida que preparó al helenista

El escritor y editor José Javier Villarreal abrió la conversación con una exposición extensa sobre los orígenes y formación de Reyes. Nacido en 1889 en Monterrey, en un entorno marcado por la vida militar y la cultura francesa, creció entre caballos, libros y la presencia de poetas como Rubén Darío y Manuel José Othón, frecuentes visitantes de la casa familiar.

Villarreal explicó cómo, ya en Ciudad de México, Reyes se integró al Ateneo de la Juventud, donde estrechó lazos con José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña y Martín Luis Guzmán. Esa etapa consolidó su temprano interés por la literatura y su compromiso con la educación pública. Luego, la inestabilidad de la Revolución lo llevó a su autoexilio en España, donde pasó más de diez años en condiciones precarias, pero inmerso en un ambiente intelectual.

Durante ese periodo, trabajó con Menéndez Pidal, colaboró con Ortega y Gasset, y se vinculó con figuras como Azorín y Juan Ramón Jiménez. Editó clásicos hispánicos, tradujo a autores ingleses y franceses y, más tarde, emprendería una de sus tareas más ambiciosas: la traducción melódica de los primeros nueve cantos de La Ilíada, una labor que Villarreal describió como “digna de un culto Heracles traductor”.

El historiador de la filosofía que pocos conocen

El helenista Carlos García Gual invitó al público a mirar un aspecto muy poco atendido de Reyes: su papel como historiador de la filosofía. Su libro La filosofía helenística —publicado 1959— lo consideró un texto “importantísimo”, no tanto por la acumulación de datos, sino por la visión filosófica y narrativa que despliega a lo largo de los siglos que van de Platón y Aristóteles hasta Plotino.

Para García Gual, la claridad expresiva, el ritmo y los tonos dramáticos o humorísticos con los que Reyes narra este mundo de ideas lo convierten en “un escritor especial, un magnífico poeta y un gran pensador”. Lamentó que este libro sea poco comentado, pues revela una comprensión profunda del pensamiento antiguo y un estilo capaz de acercar la filosofía a cualquier lector.

La Grecia poética: lo trágico como verdad

La poeta y filóloga clásica Aurora Luque abordó el helenismo de Reyes desde su obra literaria. Explicó que una de las cuatro partes de su poesía completa está dedicada enteramente a Grecia, lo que confirma —como dijo Margo Glantz— la “obsesión helénica” que marcó su vida.

Luque identificó tres momentos clave de esta relación: sus estudios sobre las Elektras, la escritura de Ifigenia cruel y en la madurez, su relectura de Homero y sus célebres “sonetos de Homero en Cuernavaca”, de los que la especialista dijo haberse “reenamorado”.

Reyes, explicó, entendió lo trágico como la posibilidad de comunicar incluso el dolor más hondo, y en sus comentarios a Ifigenia cruel ofrece claves tempranas sobre esta visión. Era un “obrero del lenguaje” que mezclaba referentes antiguos y modernos con libertad, humor y una sensibilidad crítica.

El prosista que hacía accesible lo complejo

Por su parte, el filólogo Luis Arturo Guichard destacó la sorprendente preparación intelectual de Reyes en el ámbito clásico, pese a no ser un filólogo profesional. Recordó que en la época de Reyes era difícil acceder a estudios recientes, ya que eran publicados sobre todo en alemán e inglés. Aun así, Reyes estaba al día, leía en inglés y dominaba las fuentes disponibles.

Guichard se centró en el libro La crítica en la edad ateniense (1941), surgido de los cursos que impartió en la Facultad de Filosofía y Letras tras su regreso a México. A partir de varios ejemplos, demostró lo informado que estaba Reyes sobre la investigación clásica de su tiempo y cómo era capaz de transmitirla con un estilo limpio, humorístico y accesible. “Merece ser reivindicado”, afirmó, pues sus ensayos son “pequeñas joyas” que hoy siguen siendo comprensibles para estudiantes y lectores no especializados.

Un helenismo con raíces latinoamericanas

El escritor e investigador David Noria propuso una lectura más amplia: para comprender el helenismo de Reyes, es necesario insertarlo en la tradición intelectual hispanoamericana iniciada por José Enrique Rodó con su obra Ariel (1900). Esta corriente veía en Grecia una inspiración para la modernidad de las jóvenes naciones.

Noria explicó que Pedro Henríquez Ureña —gran difusor de Rodó— llegó a México, donde fue acogido por Bernardo Reyes, padre de Alfonso, quien incluso publicó con su propio dinero la obra del uruguayo. Estos vínculos desembocaron en el Ateneo de la Juventud, donde Reyes, Henríquez Ureña y otros se reunían para leer juntos El banquete de Platón: una escena fundacional del humanismo moderno en México.

Más tarde, durante su estancia en Madrid, las labores editoriales y filológicas que Reyes realizó para Menéndez Pidal demostraron que ya dominaba los métodos de la filología moderna. Esa rigurosidad, afirmó Noria, la aplicó después a los textos griegos, como evidencia su correspondencia con helenistas europeos y su traducción de La Ilíada.

Un retrato colectivo del humanista mexicano

El diálogo entre las cinco voces permitió observar cómo la relación de Reyes con Grecia no fue un capricho erudito, sino una fuerza formativa que acompañó toda su vida: desde su infancia entre libros en Monterrey, hasta su escritura madura; desde los estudios filológicos hasta la poesía.